Archive for the ‘muerte’ Category

Varilla de la luz

November 3, 2010

Se me rompe la voz
y pierdo el aire
me pierdo yo en un aire delgadísimo
mientras antes atrás en otro tiempo
me veo con Eva atrás en otro espacio
amarillo
quemado
con dolor en el pecho y en el caos

Piedra
sin posible retorno
-el lagarto viejísimo del tiempo me lame la mirada-

Luz sin sombra
sin descanso
sin cielo
atormentada luz luz dolorosa
aguijón del miedo

Perpetuas luz y piedra
metidas con cincel entre las cejas
y con fórceps inverso entre las piernas

*

Soy un barril de pólvora de polvo de polen amantísimo

Las anillas de fierro que contienen mi tórax
mi corazón chiquito
parece que estuvieran a punto de estallar

La varilla oxidada de la luz me atraviesa del ano a la garganta

[Llegada cierta hora del día, afilo mis espadas…]

August 31, 2010

Llegada cierta hora del día,
afilo mis espadas.
La tarde amarillea en mis ojos, y lo único digno sería morir luchando.
Y no es de otra manera ke vamos a morir: somos batalla.
Vida en nuestros tejidos regurgita.
Gana. Pierde. Muere y en un baile sin fin se reproduce.
Y yo me permito mi vicio, como el samurai,
y dejo ke mis ojos oteén lontananza
y suspiro.
Digo: “Ké bello es todo. Ké terrible.”
Y miro mi mirada incalma, calma, cortando el filo sin tacha de mi sable.

Amorgeddón

May 29, 2010
Tienes una mirada ke devasta,
y otras.
Nos dijeron, amor,
ke así y asado,
nos dijeron cómo y cuándo.
Pero yo me perdí en tus ojos,
y la semilla del sismo echó raíces
en este misterioso centro de percepción ke soy.
Tienes la vastedad del océano, mujer,
y como el mar eres la vida incontenible.
Adkiriste una forma cuando eras niña,
pero sabías ke no,
sabías ke eras todas y cada una de ellas.
Ataca, loba,
el regalo más filoso ke Dios te dio
fueron las garras.
Hunde tu fauce en la pulsante, cálida carnesangre ke alimenta.
Yo soy Lobo López
y para ke me dentellees sin ke se note
tengo para ti siempre una o dos heridas abiertas.
Culparé a los humanos de mi carnicería; ¿kién podría dudarlo?
Su mala fama esteriliza la tierra más y por más tiempo ke el gargajo de Atila;
son un castigo a Gea.
Hoy llega de visita un regimiento de jinetes del norte.
No distinguen entre el grano y la piedra.
Bajan, comen, siguen su camino.
En nosotros apaciwan su sed.
Éste es un poema apocalíptico de amor.
Los zancudos del frío revolotean en torno a mi cabeza,
pero mi amor contigo no se cansa,
apenas parpadea cuando lo envuelve la ventisca.
Me dan escalofríos de pensar ke sólo hay una historia de amor y se llama energía.
Si al fin fuera verdad lo de vida tras otra,
encarnación tras encarnación tú y yo interrumpiríamos y retomaríamos nuestro encuentro,
pero ahora soy capaz de vivir sabiendo ke el baile ke somos nunca será de nuevo,
tal vez sólo porke sé ke el baile ke somos seguirá mientras haya movimiento,
luz,
calor,
amor
y esta hambre y esta sed más acuciantes ke la muerte.