[Nueva York, 1920…]

Nueva York, 1920.
En las ventanas baila el frío con la luz.
Veo a Kara en su sillón,
su realidad permea la mía.
Lentas, las teclas, abren el armazón del aire.
Te viste una camisa.
En el piano descansan los dibujos que conozco de Cáprica.
De la piel de los hombres a Alejandría viajo, viajo al Egeo.
Aquí ahora somos el uno para el otro.
(Puedo hacer que te vengas tocándote la cara.
Tú haces conmigo lo que quieres: te deseo.)
Pero el tiempo es cabrón, amigo mío.
Por eso no te desperté:
porque para el 2007 ya habré muerto.

Desdobramento en máscara de todos (de Olga Orozco, tradución ao galego)

Lonxe,
de corazón en corazón,
máis aló da copa de néboa que me aspira dende o fondo da vertixe,
sinto o redobre con que me convocan á terra de ninguén.
(¿Quén é o que se ergue en min?
¿Quen se alza do sitial da súa agonía, da súa esteira de toxos,
e camiña coa memória do meu pé?)
Deixo o meu corpo a soas igual que unha armadura de intempérie cara adentro
e depoño o meu nome coma unha arma que soamente fire.
(¿Ónde saio ao meu encontro
co arrobamento da lúa contra o vidro de todos os albergues?)
Abro con outras mans a entrada da carreira que non sei cara a ónde vai
e avanzo coa noite dos descoñecidos.
(¿Ónde levaba o día o meu sinal,
pálido no seu illamento,
a pegada dunha insignia que a miña pobre victoria arrebatou ao tempo?)
Miro dende outros ollos esta parede de brétemas
onde cada un marcou con sangue o xeroglífico da soidade,
e solta as súas amarras e vaise nun adeus de veleiro pantasma cara ó naufráxio.
(¿Non houbo noutro lado, lonxe, noutro tempo,
unha terra estranxeira,
unha raza de todos menos un, que se chamou a raza dos outros,
unha linguaxe de cegos que ascendía en zumbidos e burbullas até a xorda noite?)
Dende dentro de todos hai só unha morada baixo dun friso de máscaras;
dende dentro de todos hai unha soa efíxie que foi inscripta no revés da ialma;
dende dentro de todos cada história sucede en todas partes:
non hai morte que non mate,
non hai nacemento alleo nin amor deshabitado.
(¿Non fomos o refén dunha caída,
unha choiva de pedras desprendida do ceo,
un regueiro de insectos tratando de cruzar o lume do castigo?)
Calquera home é a versión en sombras dun Grande Rei ferido no costado.

Esperto en cada soño co sono co que Alguén soña o mundo.
É véspera de Deus.
Está a unir en nós os seus anacos.

Versión original en: Poemasde.net

Espíritu espiral

I

Allá viene
Allá cantando,
un penacho en el pecho de los que fueron pájaro

Allá viene,
de corazón en corazón
Nos quema

Allá viene cantando

II

Él es nuestro principio
Es el albergue de la sangre
Yólotl no atesora
el alimento de las células
Yólotl crea Yólotl destruye
Es inicio y final del rojo ciclo que hace delta
en el mar de la vida
(su oleaje es nacimiento y muerte de las células)

III

Una sospecha me recorre el cuerpo
La de que no hay paredes, sino luz
La de que hay ritmo incluso en el silencio
La de que el mundo es un hueco infinito

A veces lo difícil es seguir haciendo como que no pasa nada,
como que ignoro que esto es un montaje

IV

Contigo fui Ometéotl
fuerza impulsora
matriz del movimiento
los inventores de nosotros mismos

Y hoy estamos aquí
Tú duermes en el cuarto
Venimos de un viaje tan largo…

El universo empieza a respondernos:
cuando alguien ama tanto, las eternidades se conmueven

Ella, el universo, está para nosotros –amante andrógino del cosmos–.

Isgheer, el almuédano

I

En mi alminar las nubes se amontonan.

Tras ellas,
noche se arrastra.

Subo con pie cansado
los seis mil escalones
(durante más de un siglo
los conté uno por uno
hasta memorizar su posición exacta).

La noche da un rodeo a mi alminar,
lo cerca
-la serpiente,
el roedor-
y en el instante menos esperado
se lanza sobre él y lo devora
(eso me lo han contado,
pues yo, mientras sucede, siempre subo).

Cuando se lo ha tragado por completo,
llego a su punta y salgo,
y la noche me observa con mil ojos
y aguza mil oídos para escuchar mi canto.

II

Creyentes del Dios único,
¡oh, creyentes del Dios de los mil nombres!
Adoradores de la Mariposa,
escuchad esta voz y arrodillaos.

Estrellas de la noche,
escuchad mi plegaria.
Bestias todas que pueblan el Oriente,
bestias del Occidente,
de dos, de cuatro, de dieciocho patas,
escuchad mi plegaria.
Flores y plantas que venís del suelo,
hombres hechos de carne que alimentáis el suelo,
hombres hechos de barro, piedra y fierro,
de luz y de tiniebla,
ángeles y demonios,
animales rastreros y plumíferos,
¡escuchad mi plegaria!

Vengo a hablaros del Dios que se hizo niña.

Soy Isgheer, el de los pies cansados,
soy Isgheer, el de las manos rotas;
oídme, que el Dios niña me ha elegido
para subir la torre de los seis mil peldaños.

Yo soy el de la voz,
Isgheer, el Pequeño.
Yo soy el de la voz atronadora.

Yo bajé de la noche
para entonar mi canto.

Era yo un huracán que reposaba;
mis músculos de harina
estaban distendidos.

Sólo había luz entonces,
sin mirada.

El Dios-niña me vio
y me acogió en sus alas.
Miró mis ojos blancos
y se apiadó de mí e hizo la noche.
Fue entonces cuando vi que sonreía…

Y le gustó la noche para morar en ella.

No alcanzaron mil casas para amarnos,
no alcanzaron mil noches.

Así eligió mi boca para hablar.

Él, que fue todo mar,
me depositó a mí sobre la arena;
también sobre la arena construyó un alminar.

“Tú serás el almuédano”,
me dijo.

“He aquí la torre que llamarás casa.
Y la única manera
para calmar tu sed y tu nostalgia
será subir aquí
y otear como el gaviero
-porque al fin, eres eso-
las señales del mar que se aproxima.”

“Cuando mires el mar,
desde tu puesto,
habrá llegado la hora
de reunirnos de nuevo.”

Me llamó “mi pequeño”
y llenó mis oídos de palabras dulcísimas.
Después se preparó para dejarme solo.

A su espalda de niña
le nacieron dos alas,
y vuelto mariposa echó a volar.

Quedé solo en la torre.

Desde entonces oteo
oigo,
canto
con voz grave y serena
sobre el reinado de la Mariposa.

III

Mi alminar hiere el vientre de la noche
que reptando sobre él va retirándose.

Su boca,
helada,
tiembla.

Desde arriba,
las dunas
parecen las arrugas de una sábana.

Y como cada noche, espero y canto.

Cuando ha llegado el frío
hasta mi médula,
cerca del horizonte se debilitan las estrellas.

El rojo intenso sigue
a un oscuro violáceo.

En el instante previo
a la explosión de luz,
vuelvo a la entraña de mi minarete,
peldaño a peldaño,
bajo
por la espalda-espiral que lleva al suelo.

Otra vez dormiré profundamente
-soñaré con Él-Ella-
mientras espero la llegada nueva
del beso de la noche
para cantar el canto de mi espera.

Vivir con Eva

Todos los claxons del universo
suenan en esta puta eskina,
y yo estoy esperando.
La última vez ke esperé,
el Apocalipsis vino a mí,
me preguntó por cierta dirección,
y siguió su camino hecho la madre.
Muchas veces me digo ke estos poemas últimos parecen copias de Eva,
pero es ke no se puede vivir junto a una poeta así sin ke acabe afectándote.
Cuando sales al mercado, en vez de peces ves alas de pájaro,
y el pulso de tus propias arterias, si lo escuchas,
parece el pulso de la Tierra,
y te lavas los dientes con arena de Marte,
y descubres ke es un cardumen de narvales el temblor ke estremece tu entrepierna,
y mientras esperas en una eskina
los coches se convierten en veleros vikingos,
y cada cláxon es el grito de guerra de una mujer sajona a la ke están violando,
y la flecha de pájaros ke se observa en el cielo
son los ovnis de Kristopher ke vienen a hacer justicia/poner orden
y el ninjo aventurero ke soy
se descubre con la respiración entrecortada,
oculto tras un poste, y se pregunta
en ké misión secreta viene el señor de lente oscuro,
el calvito.
Voy a salir corriendo,
y perderé el pesero ke esperaba,
no sea ke el viejo lenteoscuro
sea un agente secreto
de ésos ke obligan al pueblo con malas mañas a tomarse hasta el fondo
una sopa ke no es la de fideos
(pues ésta se acabó,
según me indica una fuente confidencial de sodas).
¡Corro!

[Llegada cierta hora del día, afilo mis espadas…]

Llegada cierta hora del día,
afilo mis espadas.
La tarde amarillea en mis ojos, y lo único digno sería morir luchando.
Y no es de otra manera ke vamos a morir: somos batalla.
Vida en nuestros tejidos regurgita.
Gana. Pierde. Muere y en un baile sin fin se reproduce.
Y yo me permito mi vicio, como el samurai,
y dejo ke mis ojos oteén lontananza
y suspiro.
Digo: “Ké bello es todo. Ké terrible.”
Y miro mi mirada incalma, calma, cortando el filo sin tacha de mi sable.

Jacadrilo, cocoranda

-¿Has visto a un cocodrilo
Salir del alcantarillado?
-Nunca.
-Órale.
-Soy ateo. Y nunca le rezaría a un caimán.
Pues Diana reza…
¿Ké dices tú? ¿Le orarías a un perico?
En fin…
O, como dice Icauhtli,
se espantan del averno
y le rezan a los huesos,
y yo no soy doctor en derecho;
es más, siempre he sido un fresa a la izkierda.
En el Zócalo canta un salvadoreño.
Las jacarandas no son púdicas;
son más bien putas, vos.
¿Quién no ha pisado hasta el cansancio sus vaginas violetas?
Jacaranda.
Yewa arándano.
Potra arando.
El ke esté libre de pecado,
ke se convierta en piedra.
Yo ya me convertí en mujer, en árbol, en enredadera.
Yo ya medí el reverso de mis pasos,

el veleidoso enredo de mis hebras.

[Miel en tus labios, hombre…]

Miel en tus labios    hombre
miel en tu sexo
miel en la boca del amado bebo
y en los redondos pechos
de la mujer de bronce
me derrito    deseo
primavera y verano
me subvierten la sangre
tiembla debajo de la piel mi cuerpo
la perfección
              violeta    violenta
la perfección no quiero
ahora me disuelvo en olorosos
                     amorosos cuerpos
a mitad de camino entre todas las cosas
toco todos los sitios con mis dedos
entre las seis y ciento direcciones
ardo
     me consumo en mi cielo
de mujeres-jaguar y hombres-gaviota
de adolescentes largos   nuevos
detenidos en medio de las cosas
-el universo espejo-
deposito mi ser entre tus manos
mi mujer-caballero
para que me defiendas de la inmensa
                      de la demasiada
para que me protejas de la luz
me vierto entre tus labios    me pierdo
y como líquido me escapo
                         y vuelvo
me convierto en hielo
en fuego    en sol-cielo
te tomo entre mis manos
de ti rodeo mis dedos
y el tiempo sigue sobre mí latiendo
poco a poco    me suelto    me disuelvo

látigo suave       aguijón sediento.

Kral Majales, de Allen Ginsberg (traducción al español por Pablo Ibáñez)

Y los Comunistas no tienen nada que ofrecer salvo mejillas gordas y lentes y mentirosos policías
y los Capitalistas profieren Napalm y dinero en verdes portafolios a los Desnudos,
y los Comunistas crean industria pesada pero también es pesado el corazón
y los hermosos ingenieros todos muertos, los secretos tecnólogos conspiran por su propio glamour
en el Futuro, en el Futuro, pero ahora a beber vodka y lamentarse por las Fuerzas de Seguridad,
y los Capitalistas beben ginebra y güisqui en aeroplanos pero dejan a millones de Indios morir morenos de hambre
y cuando los pendejos Comunistas y Capitalistas enredan el Justo es arrestado o asaltado o cortan su cabeza,
pero no como en Kabir y la tos cigarrillo del Justo sobre las nubes
en la luz luminosa es un saludo a la salud del cielo azul.
Tres veces fui arrestado en Praga, una por cantar borracho en la calle Narodni,
otra fui golpeado en el pavimento nocturno por un agente con bigotes que gritaba BOUZERANT,
otra por perder mis cuadernos de atípica política sexual opiniones oníricas,
y fui enviado en avión desde La Habana por detectives de uniformes verdes
y fui enviado en avión desde Praga por detectives en trajes checoeslovacos de negocios,
Jugadores de cartas salidos de Cézanne, las dos raras muñecas que entraron de mañana en el cuarto de Joseph K
también entraron en el mío, y comieron de mi mesa, y examinaron mis garabatos
y me siguieron noche y día de las casas de amantes a los cafés del centro—
Y Yo soy el Rey de Mayo, que es el poder de la juventud sexual,
y Yo soy el Rey de Mayo, que es industria en elocuencia y acción enamorada,
y Yo soy el Rey de Mayo, que es el largo cabello de Adán y la Barba de mi propio cuerpo,
y Yo soy el Rey de Mayo, que es Kral Majales en la lengua checoeslovaca,
y Yo soy el Rey de Mayo, que es vieja poesía Humana, y 100,000 personas eligieron mi nombre,
y Yo soy el Rey de Mayo, y llegaré en unos minutos al Aeropuerto de Londres,
y Yo soy el Rey de Mayo, naturalmente, porque soy de Eslavo parentesco y Budismo Judaico
que venera el Sagrado Corazón de Cristo el cuerpo azul de Krishna la recta espalda de Ram
las cuentas de Changó el Nigeriano que cantaba Shiva Shiva de una manera que Yo había inventado,
y el Rey de Mayo es honor medioeuropeo, mío en el siglo XX
a pesar de las naves espaciales y de la Máquina del Tiempo, porque en una visión Yo escuché la voz de Blake,
y repetí esa voz. Y Yo soy el Rey de Mayo que duerme con adolescentes risueños.
Y Yo soy el Rey de Mayo, y debería ser expulsado de mi Reino con Honores, como de antiguo,
para mostrar la diferencia entre el Reino del César y el Reino del Mayo del Hombre—
Y Yo soy el Rey de Mayo, aunque paranoico, porque el Reino de Mayo es demasiado hermoso
como para alargarse durante más de un mes—
y Yo soy el Rey de Mayo, porque toqué con un dedo mi frente saludando
a una pesada chica luminosa manos temblantes que dijo “Un momento, Sr. Ginsberg”
antes de que un joven gordo Hombrevestidodecalle se atravesara entre nuestros cuerpos
—Yo estaba camino de Inglaterra—
y Yo soy el Rey de Mayo, volviendo a ver Bunhill Fields y a caminar en Hampstead Heath,
y Yo soy el Rey de Mayo en un jet gigante y toco el campo aéreo de Albión temblando en miedo
mientras el avión ruge hacia un aterrizaje en el concreto gris, se sacude & expulsa aire,
y rueda lentamente hacia un stop debajo de las nubes con parte del firmamento azul visible todavía.
Y aunque Yo soy el Rey de Mayo, los Marxistas me golpearon en la calle, me mantuvieron en la Estación
de Policía toda la noche, me siguieron a través de la Primavera de Praga,
me detuvieron en secreto y me deportaron de nuestro reino en aeroplano.
De este modo Yo escribí este poema en un asiento a propulsión en la mitad del Cielo.

Amorgeddón

Tienes una mirada ke devasta,
y otras.
Nos dijeron, amor,
ke así y asado,
nos dijeron cómo y cuándo.
Pero yo me perdí en tus ojos,
y la semilla del sismo echó raíces
en este misterioso centro de percepción ke soy.
Tienes la vastedad del océano, mujer,
y como el mar eres la vida incontenible.
Adkiriste una forma cuando eras niña,
pero sabías ke no,
sabías ke eras todas y cada una de ellas.
Ataca, loba,
el regalo más filoso ke Dios te dio
fueron las garras.
Hunde tu fauce en la pulsante, cálida carnesangre ke alimenta.
Yo soy Lobo López
y para ke me dentellees sin ke se note
tengo para ti siempre una o dos heridas abiertas.
Culparé a los humanos de mi carnicería; ¿kién podría dudarlo?
Su mala fama esteriliza la tierra más y por más tiempo ke el gargajo de Atila;
son un castigo a Gea.
Hoy llega de visita un regimiento de jinetes del norte.
No distinguen entre el grano y la piedra.
Bajan, comen, siguen su camino.
En nosotros apaciwan su sed.
Éste es un poema apocalíptico de amor.
Los zancudos del frío revolotean en torno a mi cabeza,
pero mi amor contigo no se cansa,
apenas parpadea cuando lo envuelve la ventisca.
Me dan escalofríos de pensar ke sólo hay una historia de amor y se llama energía.
Si al fin fuera verdad lo de vida tras otra,
encarnación tras encarnación tú y yo interrumpiríamos y retomaríamos nuestro encuentro,
pero ahora soy capaz de vivir sabiendo ke el baile ke somos nunca será de nuevo,
tal vez sólo porke sé ke el baile ke somos seguirá mientras haya movimiento,
luz,
calor,
amor
y esta hambre y esta sed más acuciantes ke la muerte.